Entrá y escuchalo…

Navegando en un barquito virtual, encontré esto.

Me pareció muy tierno.

Como ellos.
Esa guitarra, me recuerda sus miradas.

Y como varias veces al día lo hago, me inspira a quedarme mirándole su hocico (a la mía) bien de cerca…. pero biiiien de cerca…
Lo recomiendo.

Buscando, buscado?

Buscando un incentivo más atractivo que me ayude a terminar de leer uno de mis últimos 5 apuntes de la carrera, (tomen aire), decidí buscar en Internet fotos de los autores a los que les estoy dedicando casi todas mis tardes.
La foto que más llamó mi atención fue esta:

Habermas!

Habermas!

Aunque no lo crean, es él.
Debo confesar, si tiempo atrás hubiese sabido que ésta era su cara, quizás lo hubiese estudiado y/o tratado de entender como alguien más humano. No un mero autor de los tantos y tantos.
En fin, si a alguno de mis compañeros, que ya no veo, les sirve esta “ayudita”, pues les comento que ami si!
Saludosss

Cuando el alcohol no es la única excusa


Lo Primero que se ve en lo de Oscar

Duro es recomponerse de una noche así. Duro para mi, no creo para ellos.
En “La vieja esquina de Oscar” no hay desperdicio. El talento flota en el aire… y en un vaso de vino.
Perdido en una esquina cualquiera de Lomas de San Martín, este bar se convierte en un habitué para algunos, una “zona de paso” para muchos y el rejunte de personas que solo se quedan porque realmente quieren escuchar.
En La vieja esquina de Oscar, las edades se mezclan pero no se suman. El espíritu joven se mantiene y se canta. Tres guitarras se apoderan de sus ejecutantes momentáneos y manejan la situación. Voces devenidas en años pero no en calidad y brillo, inundan y envuelven el pequeño bodegón.
Sentada en una mesa, desde una posición privilegiada, observo el devenir de la peña. Ese calificativo suena a mucho, ya que más que peña, lo que se vive en “lo del cabezón” (Oscar), es una reunión intima entre amigos de la noche; entre compañeros de la música y de la nostalgia.
Un tango nos da la bienvenida. Tras ser atendidos por el mismo Oscar como si estuviéramos en su casa (que de hecho lo es), disfrutamos una cerveza mientras éramos advertidos por las compañías. Caras nuevas pero siempre bienvenidas.

1º guitarra: “El Sr. de los punteos”. 2º guitarra: “toca buenos tangos”. 3º guitarra: “Oscar”

Entusiasmados con lo que acontecía, de repente mi compañero fue sorprendido por un pedazo de manzana que llegó ofrecido por un señor de la mesa aledaña. Sin titubear en la respuesta, la aceptó agradecido y de a poco nos sentimos “adeeentro”.

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Sumergida en gotas de limón

Pasa el tiempo.
Los segundos parecen gotas de limón.
Ácidos, cristalinos, dolorosos (si te entran en el cuerpo… en el ojo por ej.) y numerosos.
Sobre todo eso, numerosos.

Pasan sin cesar, como si no fueran pesados… como si nadie los pudiera contar.

Yo si los cuento y los veo pasar.
Ácidos y cítricos.
Tristes y dolorosos.

Me arden los ojos y no tengo un limón cerca.

Detalle…glup!

buen vino
Me gusta tomar vino…
y me gustó la foto

¿Prohibido digitalizar?

Con el tema definido y con todas las ganas de encontrar el material, fui a la hemeroteca del costado del Cabildo. Ya sabía de antemano que allí no se pueden fotocopiar los diarios, por ende llevé mi cámara digital.
Ya con los diarios de abril de 1985 sobre la mesa, pude comenzar a digitalizar.
En medio de este intento, me encontré parada en una silla para poder hacer entrar la portada de La Nación en mi pantalla.
Las miradas sorpresivas de mis escasos acompañantes no me intimidaron y seguí intentándolo. Luego, observé que mi actitud iba provocando un “contagio” entre los presentes, y comencé a notar poses interesantes.
Al rato, empezamos a mirarnos entre todos. Ninguno se animó a esbozar ni una mueca, menos una sonrisa. A pesar de que la situación era ideal para reír, todo era pura seriedad. De repente, sale de la piesita de atrás, la señora encargada (por no decir la diarera… o bueno… la señora que te da los diarios) y todos nos quedamos quietos.
Como si nos hubiera descubierto “infragantes” o “con las manos en la masa”, abandonamos rápidamente nuestras poses. La señora, comenzó a reír. Para distendernos más rápido aún, su carcajada era muy contagiosa, así que de a poco todos soltamos nuestros propios ja…jas.
Terminamos charlando sobre lo sucedido, y comentando las poses que habíamos encontrado. La señora encargada propuso acondicionar el lugar para facilitar la digitalización y para evitar los malos/buenos ratos.
Yo no sé si ese fue uno más de todos los chistes que salieron, o realmente se está organizando modificar el lugar… De la manera que sea, tengo poses para ofrecer y ángulos para recomendar!!!

Decíselo de vuelta… o mejor escribilo!

Caminando por Córdoba, me encontré con esto:

Vecina

1)Entrada de la casa donde la acusada organizó su cucha

Un día antes, en la misma entrada de la misma casa, había como 10 carteles parecidos que inmediatamente llamaron mi atención. Me acerqué y pude entender de que se trataba. Detallaban de forma progresiva el asunto que los llevaba a estar pegados allí. Lamentándome de no traer la cámara conmigo, decidí llevarla al día siguiente.
Al otro día, solo quedaban esos dos, habían sido arrancados.
Todo fue por “culpa” de una perra. La misma, eligió como lugar donde empollar su pansa llena de cachorros a punto de nacer, el zaguán de la vecina… y NO el propio. (¿Cómo se le ocurre?)…
Luego de reiterados avisos no escuchados por parte de la “Vecina Víctima” a la dueña de la perra, ésta decidió optar por una estrategia comunicativa válida. Así fue como, recurrió a estos avisos que provocaron la curiosidad y la risa de la cuadra. Y agregaron un tema más a la agenda de las viejitas chusmas del barrio.

VecinaII
 2) Plano detalle del cartel derecho

VecinaIII

3) Plano Detalle del cartel izquierdo

Una perfecta “pelea de perras” y porque no, un ejemplo de solución a la cual recurrir en situaciones extremas… Lo último que supe fue que los carteles desaparecieron y la perra también. ¿Qué habrá pasado con los demás personajes?